martes, 6 de febrero de 2007

Aquellos desayunos...



Soy hijo de padres trabajadores, eso quiere decir que he pasado mi infancia y parte de mi adolescencia conviviendo con mis abuelos.

Mi abuela era la encargada de despertarnos, a mis dos hermanas y a mi, para ir al cole y la que preparaba esos desayunos de pan tostado y cacao azucarado, no colacao, cacao natural con azúcar de Casa Raposo.

El olor a pan tostado y el sonido de la radio puesta en la cocina, ese recuerdo de una radionovela, La Saga de Los Porretas, que los cuatro seguíamos con entusiasmo entre bocado y bocado y comentábamos entre sorbo y sorbo. La gracia era que el protagonista se llamaba como nuestro padre, je... Nada más que eso. El bueno de Avelino.

Hoy me he acordado, a la hora de la cena, de esos desayunos tan entrañables.

3 comentarios:

tumejoramig@ dijo...

Uhmm, que delicia de desayuno, tanto por lo que comíais, como por el momento que se hacía cómplice entre vosotros.

En casa los desayunos eran a base de una papilla de chocolate que se llamaba fosfatina y que estaba riquísima. Y era un buen sustituyo de los complejos vitamínicos y el jarabe de aceite de hígado de bacalao, de la que nos salvó a mi hermana y a mi la deliciosa papilla.

Hay recuerdos de esos que dejan un buen sabor de boca.

Unknown dijo...

Puaggg. Aceite de hígado de bacalao, de ese no se libraba nadie, tarde o temprano te tenías que tomar una cucharadita... de nuestra generación no creo que nadie se haya perdido un par de carreras para escapar del oscuro líquido.

tumejoramig@ dijo...

Agg, pobrecillo, yo me libré con la fosfatina del jarabe de marras.

Me gusta mucho la foto que publicaste. Es una vista preciosa del río, y se nota el movimiento, el fluir, está genial.

Será un placer que me enlaces, no tenías que pedir permiso. Gracias.