domingo, 6 de octubre de 2013

Yo no había dejado de pensar en ella ni un sólo instante después de rechazarla sin apelación después de unos amores largos y contrariados, y habían transcurrido desde entonces un año, ocho meses y ocho días. No me hizo falta llevar la cuenta del olvido haciendo una raya diaria en los muros de mi calabozo, porque no ha pasado un sólo día sin que ocurriera algo que me hiciera acordarme de ella.